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¿Qué es el Apego?
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¿Qué es el Apego?

Por Daniela Larrea

El apego es un vínculo emocional profundo que se da inicialmente entre un niño y sus cuidadores principales, normalmente son los padres. Los hijos buscan que se cubra su necesidad básica innata de recibir amor y protección.

John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, planteó que venimos programados biológicamente para formar vínculos emocionales como una estrategia de supervivencia. Él creía que el niño necesita una relación continua y cálida con sus figuras principales para crecer mentalmente sano y propuso que las experiencias tempranas se convierten en un “mapa mental” o plantilla que llevamos dentro toda la vida.

¿Cómo es mi estilo de apego?

Hay cuatro formas de aprender a apegarse y depende mucho de cómo los hijos hayan sido criados y educados durante la infancia.

El estilo de apego es la forma en que el niño responde a la manera que es amado y cuidado por sus padres. Si el niño recibió amor, cuidado y sus necesidades fueron cubiertas, va a aprender que el amor no duele y que puede confiar en ser una persona digna de ser amada. El problema es cuando la forma de criar da respuestas del niño que son estrategias para sobrevivir en un entorno poco amable.

Mary Ainsworth, psicóloga estadounidense que trabajó con Bowlby, llevó la teoría al laboratorio a finales de los 60 e identificó cuatro patrones de estilo de apego:

1. Apego Seguro

Es el ideal. El niño confía en que su cuidador estará ahí si lo necesita.

  • En la infancia: El niño se angustia cuando el cuidador se va, pero se alegra y se calma rápidamente cuando regresa. Siente que tiene una “base segura” para explorar.
  • En la adultez: Son personas con buena autoestima, que confían en los demás y no temen a la intimidad ni al compromiso. Saben poner límites y comunicar sus necesidades.

2. Apego Ansioso-Ambivalente

Aquí hay una gran inseguridad. El cuidador a veces está disponible y otras no, lo que genera incertidumbre constante. Se traduce en desconfianza y angustia.

  • En la infancia: El niño está siempre “alerta”. Cuando el cuidador regresa tras una ausencia, el niño muestra enfado o resistencia; quiere estar cerca pero no logra consolarse.
  • En la adultez: Aparece un miedo intenso al abandono. Suelen ser personas dependientes que necesitan validación constante y pueden volverse “asfixiantes” en sus relaciones por temor a que los dejen.

3. Apego Evitativo

El niño ha aprendido que sus expresiones de miedo o necesidades no son atendidas, así que decide “desconectarse” emocionalmente. No se vincula por desesperanza.

  • En la infancia: El niño no muestra angustia cuando el cuidador se va, y cuando regresa, lo ignora o lo evita. Parecen “independientes”, pero su frecuencia cardíaca suele estar muy alta.
  • En la adultez: Valoran la autosuficiencia por encima de todo. Les incomoda la intimidad emocional y suelen poner distancia cuando una relación se vuelve demasiado seria.

4. Apego Desorganizado

Es una mezcla confusa de ansiedad y evitación. Suele estar asociado a entornos donde el cuidador es, al mismo tiempo, una fuente de miedo (casos de maltrato o traumas no resueltos).

  • En la infancia: El niño muestra conductas erráticas o contradictorias (por ejemplo, corre hacia el cuidador pero sigue sintiendo miedo, o se queda paralizado).
  • En la adultez: Tienen relaciones muy caóticas y explosivas. Hay un deseo de amor pero un miedo profundo a la cercanía, lo que genera mucha frustración. Hay confusión porque sufrió violencia y por miedo responde de la misma manera.

El apego se trata sobre cómo aprendimos a esperar y recibir amor de los otros, cuál creo que es mi lugar ante los demás y cómo pienso que es el amor y los cuidados… duelen o no duelen, debo confiar o no. Nuestros padres no nos pueden enseñar cómo es el mundo en realidad, entonces nos transmiten cómo ellos ven el mundo. Pero un niño pequeño no puede hacer la distinción todavía y se da lo que se conoce como CORREGULACIÓN EMOCIONAL, que viene a ser la capacidad de regular nuestras emociones a través de las experiencias de otras personas.

Dentro de la Teoría del Apego, es el “pegamento” que construye un vínculo seguro. No es simplemente “calmar” a alguien, sino servir de regulador externo para el sistema nervioso de la otra persona. En el apego seguro, hay una corregulación constante y efectiva, el mensaje es: “Tu emoción no me asusta, aquí estoy para ayudarte a transitarla”. En el apego inseguro, la corregulación falla, el cuidador se alteraba más que el niño (ansioso), o lo ignoraba para que se “calmara solo” (evitativo), dejando al sistema nervioso del otro en un estado de estrés crónico.

En la edad adulta llevamos nuestro estilo de apego al momento en que decidimos conectar con una pareja. Es natural que escojamos parejas en base a los estilos de apego que desarrollamos. Si en mi mapa mental el amor viene condicionado por el dolor, entonces escogeré parejas que me causen dolor.

Es importante recordar que el estilo de apego no es un destino final. Aunque se forma en la infancia, nuestra plasticidad cerebral permite que, mediante experiencias positivas o terapia, una persona pase de un apego inseguro a uno mejor configurado. Pero para lograr esto es necesario romper patrones, aceptando de dónde vienen nuestras emociones. Cuando somos adultos nuestra fuente vinculante de apego somos nosotros mismos, pero lo hacemos a través de otros porque sanamos en nuestras relaciones, cuando procuramos ambientes saludables.

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