¿Cómo entender qué es la felicidad?
Para empezar, la felicidad no es algo que se pueda medir por la intensidad en que se presente y no es algo que se pueda mantener durante toda la vida. La vida está llena de retos y situaciones complejas que ameritan esforzarnos en buscar soluciones.
Sin embargo, puedo decir que la vida es poder permitirnos disfrutar de los momentos plenos de alegría, de pequeños detalles que nos llenan el alma de un sentimiento bonito; pero que también es la capacidad en que podamos saber hacerle frente a los problemas, darles la cara con una actitud de valentía y resiliencia, con serenidad y calma para saber pensar y tomar decisiones al respecto buscando soluciones. Muchas veces se puede confundir felicidad con sensaciones de placer superficiales y que nunca son duraderas; todo lo contrario, duran muy poco tiempo y al retirarse la sensación lo que queda son vacíos. Debemos saber que la mente y el espíritu no son capaces de vivir en el vacío y es ahí donde se abre paso al sufrimiento.
Para evitar vivir en sufrimiento debemos darle un sentido a nuestras vidas, y para encontrarlo debemos detenernos a reflexionar un poco, contemplar nuestra situación y tratar de dar respuestas a algunas interrogantes. Con estas respuestas podremos ir conociendo el camino que nos lleva hacia el sentido de nuestras vidas, esto también nos ayudará a conocernos un poco más profundo, a saber más de nosotros mismos.
En principio debemos distinguir qué es lo que nos hace feliz, qué situaciones, personas, acciones nos hace sentir plenos, ¿a quiénes amo?, ¿cuáles son mis proyectos?, ¿qué actividad me resulta placentera y me permite crear?, ¿qué es la vida y la muerte?, ¿qué esperaría lograr antes de dejar esta vida? Analizar estos puntos, por más sencillas que suenen las preguntas, pueden darnos respuestas realmente valiosas para definir quiénes somos, qué queremos y de alguna manera podemos encontrar algo bueno y mejor de nosotros que no sabíamos que existía. Los japoneses lo denominan IKIGAI, que refiere a encontrar el propósito o la razón de ser en la vida y con esto se logra tener una mayor motivación y entusiasmo, tener una dirección de nuestra vida, sentir mayor satisfacción y felicidad, mejora la salud mental y física.
La felicidad y todo lo que podamos percibir de la vida depende únicamente de cómo la interpretemos y esto es algo que es muy particular en cada persona. Lo que yo interprete de una situación no va a tener el mismo significado para otra persona, aunque esta la haya vivido conmigo. Y esta variabilidad es determinada por algo que se llama Sistema de Creencias, que son ideas prefijadas que adquirimos a lo largo de nuestra formación sobre cómo debe ser la vida, cómo quiero ser tratada, cómo debería ser el resto a nivel personal, profesional, político, económico, moral, ético, etc. Es muy importante que sepamos reconocer y aceptar cómo es nuestro sistema de creencias, de esta manera sabremos si es necesario hacer una reconstrucción en ella para dejar o para evitar el sufrimiento.
En la filosofía estoica se planteaba la idea de que el ser humano debe ir alineado con el Logos (Dios) a través de la razón, de pensamientos racionales y el actuar en base a la ley natural, de esta manera se puede afrontar la realidad evitando el conflicto y el sufrimiento. Los estoicos, al igual que el budismo, mantienen la idea de que la vida es sufrimiento y es una experiencia inevitable, pero es necesario tener un plan para afrontarla a través de cuatro virtudes cardinales: la valentía, el autocontrol, la templanza y la sabiduría. Todo aquel que fuera capaz de conducir su vida en base a estas virtudes estará en sintonía con la Ley Natural y podía desarrollar el principio máximo de esta filosofía que se denomina Eudaimonia y que hoy en día se le conoce como Psicología Positiva. Para ellos, esto vendría a ser la felicidad auténtica que no depende de las circunstancias, sino más bien de cómo las interpretamos y cómo decidimos afrontarla. Ya lo decía el famoso Epicteto, quien era un esclavo y superó muchos sufrimientos bajo esta premisa: “No son los eventos en sí los que perturban a las personas, sino son sus juicios sobre ellos”.
Algo que va a impactar en nuestras interpretaciones es nuestro estado de ánimo. Si uno tiene un buen estado de ánimo su interpretación de la vida será positiva. ¿Pero cómo podemos estar de buen ánimo todo el tiempo? Esto parece ser un reto muy grande para una época donde las personas viven muy a prisas, muy sobreestimuladas y a la vez con mucha limitación en generar vínculos afectivos reales y sólidos porque vivimos en la “época de las redes sociales”, dónde las relaciones son virtuales y los afectos se miden por un like y no un abrazo (pero será un tema a tratar más adelante).
Viktor Frankl es un psiquiatra y neurólogo austriaco que en su famoso libro “El hombre en busca de sentido” nos puede dar cuenta, a partir de su experiencia, que el sufrimiento más fuerte se puede sobrellevar si se tiene un sentido de vida, ya sea un trabajo, la ilusión de un reencuentro, un proyecto. Él fue recluido en los campos de concentración Nazi en donde perdió a sus padres y esposa y vivió de cerca la muerte, el desamparo, el miedo y situaciones extremas en la que su vida significaba muy poco (a vista de otros), pero pudo sentir que la ilusión de volver a ver a su amada esposa y quizás a sus padres lo mantuvieron deseando seguir vivo, afrontar la tortura y martirio que padeció todo ese tiempo (esto también lo observó en sus compañeros de prisión). Es así que llega a desarrollar la Logoterapia que se centra en la búsqueda de sentido como principal motivo del ser humano.
Esta terapia no busca curar o eliminar los recuerdos o experiencias de sufrimiento, su objetivo es ayudar a las personas a encontrar un sentido a eso que está viviendo y que lo hace sufrir, pero que dándole un significado de sentido se puede trascender la percepción de esa experiencia. Se utiliza el diálogo socrático para descubrir sus propios valores, recursos y el sentido de su vida, también se intenta dar un enfoque de la responsabilidad que conlleva elegir la manera en que se afronta al sufrimiento. Viktor Frankl mantenía la postura de que se nos puede quitar absolutamente todo, menos la oportunidad de elegir cómo le hacemos frente al dolor.
No existe una receta fácil y rápida, los “paso a paso para alcanzar la felicidad” no son más que un engaño porque no existe tal cosa. Pero sí podemos conocer que existen ciertos modos de ver la vida a la que podemos apegarnos si lo que deseamos es tener paz mental y por ende sentir que sabemos responder a las dificultades propias de la vida.
A continuación, algunos consejos que se basan en la filosofía estoica que son el fundamento de lo que hoy se conoce como Psicoterapia Cognitivo Conductual y con lo que se puede alcanzar la Ataraxia, que es un estado de no afectación.
- La dicotomía del control. Distinguir lo que puedes y lo que no puedes controlar, es decir, se refiere al entendimiento de que todo lo que sucede en nuestras vidas en general están lejos de nuestro control, muchas veces no podemos evitar que se presenten de las formas en que se presentan porque tienen una influencia externa. Sin embargo, lo que sí podemos controlar viene de nosotros mismos, lo que pensamos sobre esa situación, cómo la interpretamos y lo que nos hace sentir.
- No sufras por lo anticipado. Resulta inútil preocuparnos por situaciones que no están sucediendo o que creemos que sucederán en algún momento, debemos cuestionarnos: ¿Esto está pasando ahora?
- Acepta la impermanencia de la vida. Todo cambia constantemente y no aferrarse a algo o a una situación es la mejor opción, todo en la vida está en constante cambio y es transitorio. Nada es permanente: nuestras posesiones, nuestras relaciones, nuestra salud, nuestras emociones, e incluso nosotros mismos. Con esta aceptación nos liberamos del miedo a la pérdida.
- Aceptar el destino. El filósofo Epicteto nos deja una frase que nos lleva a la reflexión: “No pretendas que los acontecimientos sucedan como lo deseas, desea que sucedan como tengan que suceder y serás feliz”. Esta frase es un llamado a la sabiduría práctica. Nos enseña que la felicidad duradera no se logra manipulando el mundo para que se ajuste a nuestros deseos, sino cultivando una actitud de aceptación y serenidad frente a los eventos inalterables de la vida. Los estoicos lo llaman Amor Fati, en lugar de resistirse a los acontecimientos, se busca aceptarlos y encontrar un propósito o aprendizaje en ellos.
- Simplificar nuestra vida. Es vital que frenemos un poco y darnos cuenta que debemos reducir todo lo innecesario que hay en nuestras vidas y concentrarnos en lo que realmente importa. Quitar todo lo superfluo y lo que nos distrae, sólo así podremos ver la paz, esto también nos ayuda a establecer nuestras prioridades. Eliminar el ruido interno y externo que sólo nos limitan.
- La importancia de la autodisciplina. Esto es un factor que sí se encuentra bajo nuestro control y es en lo que debemos trabajar para encontrar nuestra mejor versión. La disciplina nos ayuda a actuar con coherencia, permite tomar las riendas de nuestras vidas, nos entrena a practicar la templanza y la moderación, con disciplina establecemos metas claras y alcanzables.
- El poder del presente. Tener la convicción de que en el presente es donde podemos actuar, todas las dificultades que nos da la vida son oportunidades de demostrar quiénes somos y hasta dónde queremos llegar a ser. El sufrimiento de la vida resulta, para muchos, un campo de entrenamiento para ser resilientes y donde la meta es ser feliz.
- La autocomprensión y la autocompasión. Si no eres capaz de lograr algo no te castigues, no te juzgues; acepta la incomodidad y supera la resistencia. Es importante desarrollar hábitos saludables con nuestra voz interior, aquella que debe ser nuestra aliada en todo momento.
- Autoexamen diario. Reflexionar sobre nuestras acciones, evaluar nuestros errores, reconocer nuestros logros y planear mejoras. Es necesario hacernos preguntas al final del día: ¿Qué hice mal? ¿Qué hice bien? ¿Qué podría haber hecho diferente? Y lo importante es poner en práctica las reflexiones y las estrategias encontradas en esos cuestionamientos.
- Practicar el desapego de lo material y los placeres. No es necesario hacer una privación extrema, pero sí debemos practicar la moderación, el desapego de los bienes materiales y de los placeres excesivos porque nos hace más vulnerables y nos alejan de la verdadera libertad y felicidad.
- Vivir en la Gratitud. Apreciar lo que se tiene, en lugar de lamentar lo que falta. La gratitud ayuda a cambiar la perspectiva y a enfocarse en la abundancia presente en la nuestra vida, nos conecta con lo que tenemos y no con lo que hemos perdido.
- Vive con Propósito y sentido. Detente a reflexionar sobre lo que realmente importa, qué es lo que hace sentirte vivo. La convicción de actuar con dignidad y hacer lo correcto sin esperar alguna recompensa, porque ella solo está en la satisfacción de hacer lo que queremos hacer.