Cómo la alimentación afecta a nuestro organismo
En este punto también es importante hablar del Aparato Intestinal, hoy conocido como “El Segundo Cerebro”, porque está rodeado de una potente red neuronal y tiene un impacto directo en el organismo. Dentro del intestino están las vellosidades intestinales que absorben los nutrientes que ingerimos en nuestra alimentación, y también se encuentra la MICROBIOTA.
Actualmente hay estudios concentrados en el eje intestino-cerebro, que tienen una comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central —que viene a ser nuestro cerebro— y el sistema nervioso entérico —que viene a ser nuestro cerebro intestinal—.
Estos estudios plantean que el cerebro influye en el intestino de manera que, bajo estrés ya sea emocional, físico o mental, las sustancias como el cortisol y la adrenalina tienen un impacto directo en el intestino provocando la motilidad intestinal, secreción de ácidos y enzimas digestivas, rompe la permeabilidad intestinal que deja pasar toxinas y microorganismos al torrente sanguíneo que desencadenan respuestas inflamatorias en el organismo.
Y también se sabe que el intestino influye en el cerebro a través de la microbiota, que es un conjunto de bacterias y microorganismos buenos y malos que ayudan a la absorción de nutrientes y a la integración de sustancias al organismo. La microbiota también favorece a la producción de una gran parte de Serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, también es donde se fortalece la barrera intestinal para evitar que “cosas” se filtren a la sangre.
El intestino y el cerebro se comunican a través del nervio vago de ida y vuelta, y este facilita la digestión, estado de ánimo y la respuesta al estrés. Pero un estado de estrés crónico también altera la funcionalidad del nervio vago y, además, produce un desequilibrio en la microbiota, lo que hace que la comunicación cerebro-intestino tenga una mala señal y que se alteren la producción de neurotransmisores, lo que favorece a cuadros de ansiedad y depresión.
Conclusión
Dicho todo esto, es importante saber cómo están íntimamente relacionados nuestro cerebro e intestino y que verse alterada su función y composición por el estrés crónico mantenido por mucho tiempo, indefectiblemente va a impactar de manera negativa en nuestra salud digestiva, bienestar mental y la función inmunológica de nuestro organismo.
Hoy se plantean terapias basadas en la alimentación, en una dieta balanceada para reducir la inflamación del sistema digestivo. Consumimos alimentos altamente procesados, altos en azúcar, sodio, grasas saturadas que permiten nuestra vulnerabilidad y predisposición a dañar nuestra salud física y mental; es necesario tener más conciencia de lo que comemos, cuáles son los alimentos que dañan nuestra salud y cuáles, por el contrario, favorecen a nuestro bienestar.
Decía Marian Rojas: “que la comida chatarra sea la excepción y no la regla”.